¿Y si la solución perfecta termina empeorando el problema? En innovación social y tecnología, a veces lo que parece una gran idea puede tener consecuencias inesperadas. Es lo que se conoce como efecto cobra: cuando intentamos arreglar algo y, sin querer, lo hacemos aún peor. ¿Lo conocías? En este post reflexionamos sobre este concepto y cómo abordarlo.
En La Rueca estamos inmersas en la ejecución del proyecto ESInnovación, una iniciativa en conjunto con Fundación Esplai en la que pretendemos modernizar tecnológicamente entidades de la economía social a través de diferentes acciones. Una de ella es la realización de un itinerario formativo en Innovación Social Digital de la mano de Ismael Pantaleón. De hecho, todavía hay plazas libres. Tenéis toda la info aquí: https://innovaccion.net
El caso es que, en la primera sesión, Ismael ya ha puesto el debate y la reflexión sobre la mesa. Y como en La Rueca Asociación esto de «darle la vuelta» a cómo hacemos las cosas nos gusta tanto, nos hemos guardado en el bolsillo un cuento que nos ha contado Ismael para compartirlo con todos/as los/as que nos seguís en este blog. 🙂 Ismael, gracias por inspirarnos y te tomamos prestada la historia.

El Cuento de la Cobra
Se dice que, en la India colonial, el gobierno británico estaba preocupado por la gran cantidad de cobras venenosas en Delhi. Para solucionar el problema, decidieron ofrecer una recompensa por cada cobra muerta. En teoría, esto incentivaría a la población a reducir el número de serpientes.
Al principio, la estrategia parecía funcionar: muchas personas empezaron a cazar cobras y llevarlas a las autoridades a cambio de dinero. Pero luego ocurrió algo inesperado: algunas personas comenzaron a criar cobras para matarlas y cobrar la recompensa. Cuando el gobierno se dio cuenta del engaño, canceló el programa. ¿El problema? Que los criadores, al ver que ya no había recompensa, soltaron todas sus cobras, aumentando el problema inicial.
A este fenómeno se le conoce como «Efecto Cobra», y se usa para describir aquellas soluciones que, en lugar de resolver un problema, lo agravan debido a consecuencias no previstas.
¿Qué tiene que ver esto con tecnología social e innovación?
En tecnología social y en el tercer sector, esto es una lección clave: una solución mal diseñada, sin pensar en sus efectos secundarios, puede terminar empeorando la situación.
Pensemos algunos ejemplos:
1. Formación digital sin acceso a internet
«Vamos a enseñar competencias digitales para la inclusión laboral», dice un programa social. Se invierte en cursos, formación online, certificados… Pero luego se descubre que las personas participantes no tienen acceso a internet en casa o que no pueden pagar datos móviles. ¿Resultado? En lugar de reducir la brecha digital, la agrava: ahora la frustración es mayor, porque la gente tiene conocimientos, pero sigue sin poder aplicarlos. Solución alternativa: No basta con formar. Hay que pensar en infraestructura, tarifas sociales de internet y apoyo continuo para garantizar que la tecnología realmente genere oportunidades.
2. Donaciones masivas de tecnología que terminan en basura electrónica
Muchas entidades sociales hemos recibido equipos tecnológicos «donados» por empresas/particulares. Suena bien, ¿no? Tecnología gratis para reducir la brecha digital. Pero… ¿qué pasa si los ordenadores son obsoletos o inservibles? ¿Resultado? Muchas veces estas «donaciones» no son más que una forma de deshacerse de residuos electrónicos, dejando a entidades con el problema de su gestión y reciclaje. Solución alternativa: Implementar criterios de calidad para las donaciones y exigir que vengan con soporte técnico, software actualizado y mantenimiento por parte de la empresa que los dona.
3.Regeneración urbana que provoca gentrificación
Muchas ciudades han invertido en proyectos de mejora urbana para embellecer barrios degradados. Pero ¿qué pasa cuando no se hace con una estrategia social clara? ¿Resultado? Al mejorar la zona, suben los alquileres y las familias vulnerables que vivían allí son desplazadas. El barrio deja de ser accesible para quienes antes vivían en él y solo beneficia a nuevos residentes con mayor poder adquisitivo. Solución alternativa: Políticas de vivienda accesible junto con los proyectos de mejora urbana. Planes de participación ciudadana para que las decisiones se tomen con y para la comunidad local.
Pero….¿Cómo evitamos caer en el efecto cobra en innovación social?
Si queremos que la tecnología y la innovación sean realmente herramientas de cambio, hay que pensar más allá del corto plazo. Algunas claves que se nos ocurren desde La Rueca son:
- Pensar en las consecuencias no intencionada. ¿Qué podría salir mal si la idea funciona demasiado bien?
- Escuchar a las comunidades. ¿Las personas participantes realmente necesitan esta solución? ¿Qué barreras existen?
- Evalúar el impacto antes de escalar. Un piloto pequeño puede mostrar problemas antes de hacer una inversión grande.
- Flexibilidad y aprendizaje. Si una solución no funciona, no la fuerces. Adáptala, pivota y aprende del error.
El efecto cobra no es más que un recordatorio de que innovar no es solo lanzar ideas nuevas, sino diseñarlas bien. Si de verdad queremos que la tecnología social funcione para todas las personas, debemos ser críticos/as con nuestras propias soluciones. Preguntarnos no solo «¿es esto una buena idea?», sino «¿qué podría salir mal y cómo lo prevenimos?».
Porque cuando innovamos sin pensar en las consecuencias, las cobras siempre acaban volviendo. 🐍
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