Quién no se ha dado cuenta ya de que vivimos en una sociedad donde el acceso al empleo cada vez depende más de las competencias digitales. Sin embargo, las brechas para acceder a determinados empleos tecnológicos siguen reproduciendo las desigualdades sociales, e incluso se amplifican en contextos de vulnerabilidad. Y ¿por qué, muchas veces, en el tercer sector, seguimos ofreciendo itinerarios formativos centrados en sectores/oficios precarios y no apostamos por acortar esas brechas en el acceso a otro tipo de empleos?

Para ayudarnos a contestar a esta pregunta y otras en torno a este tema, contamos con la colaboración, como partner invitado de Marzo, de Guillaume Thureau, presidente de Fundación Somos F5 y todo un referente en fomentar la vocación digital entre personas en situación de vulnerabilidad. Gracias, Guillaume por prestarnos tu tiempo y conocimiento. Os dejamos su Linkedin: https://www.linkedin.com/in/guillaumethureau/

Antes de meternos en «barrena» os dejamos con Guillaume. 😉

La promesa de la tecnología… ¿para quién?

Las profesiones tecnológicas son hoy en día sinónimo de empleabilidad, buenos sueldos, posibilidad de teletrabajo y proyección profesional. Lo sabemos bien quienes habitamos el mundo digital. Sin embargo, acceder a estos puestos sigue siendo un privilegio reservado a pocas personas, y no por falta de talento, sino por brechas estructurales que actúan como muros invisibles.

💸 Brecha económica. Aprender tecnología sigue siendo un privilegio

Formarse en tecnología requiere tiempo, recursos, equipos adecuados y redes de apoyo. Para muchas personas en situación de exclusión social, esta opción simplemente no es viable sin acompañamiento y accesibilidad real. ¿Qué implica esto?
Que incluso con vocación y talento, miles de personas quedan fuera de las profesiones del futuro.

👩🏽‍💻 Brecha de género. Los algoritmos también son machistas

La infrarrepresentación de mujeres (y especialmente de mujeres migrantes, racializadas o mayores de cierta edad) en el sector tecnológico no es casual. Se trata de una combinación de estereotipos, falta de referentes y políticas educativas poco inclusivas. En España, solo el 19% de las personas que trabajan en tecnología son mujeres (INE, 2023).

🧓🏼 Brecha generacional. ¿y las personas mayores qué?

La digitalización también ha dejado fuera a personas adultas con trayectorias laborales largas, pero sin competencias digitales actualizadas. Las políticas activas de empleo rara vez contemplan planes de reciclaje profesional con perspectiva de edad.

🌍 Brecha territorial. Nacer en según qué código postal

Las oportunidades formativas y tecnológicas están hiperconcentradas en las grandes ciudades. En entornos rurales o barrios periféricos, el acceso a dispositivos, conectividad y programas formativos es limitado. Esto genera un círculo vicioso de exclusión digital y laboral.

🧑🏾‍🦱 Brecha racial. La tecnología también discrimina

Las personas migrantes o racializadas no solo enfrentan barreras económicas y burocráticas, sino también discriminación estructural en procesos de selección y acceso a formación tecnológica. La meritocracia digital no es real si parte de una línea de salida desigual.

En el tercer sector….¿formamos para salir de la pobreza?

Muchas entidades sociales, con la mejor de las intenciones, seguimos apostando por formaciones en sectores como la hostelería, la limpieza o el comercio. Sectores precarizados, con condiciones laborales duras, horarios partidos y sueldos bajos. Es decir, formaciones que no sacan a la gente de la pobreza, sino que muchas veces la cronifican.

La pregunta incómoda es:
¿Estamos formando para lo que el mercado quiere… o para lo que las personas necesitan?

El problema no es que la hostelería no sea un sector digno —que lo es y mucho, si se respetan derechos—, sino que no debería ser la única opción que se ofrece. Es necesario abrir horizontes, ofrecer alternativas reales que permitan a las personas tener trayectorias profesionales con más recorrido, con más futuro, con más dignidad.

Fundación «Somos F5», abriendo camino

Frente a este panorama, hay iniciativas que rompen moldes y abren puertas reales al empleo digital desde una mirada inclusiva y social. Es el caso de la Fundación Somos F5, la primera red de escuelas digitales inclusivas y solidarias en España. Os dejamos su web: https://www.somosf5.org/

Su misión es clara: formar en tecnología a personas en situación de vulnerabilidad para facilitar su inclusión laboral en el sector digital. ¿Cómo lo hacen? A través de un modelo de bootcamps intensivos, gratuitos y sin conocimientos previos, donde se aprende programación, desarrollo Back-End, Front-End y otras competencias digitales altamente demandadas, como IA, Cloud y Ciberseguridad.

Y lo hacen con impacto:

  • Más de 8.000 personas han participado ya en sus talleres.
  • Más de 1.700 han pasado por sus bootcamps.
  • Tienen un 74% de inserción: empleo, más formación o emprendimiento.

Pero lo más interesante no es solo el «qué», sino el «cómo». Su enfoque se articula en tres grandes líneas:

  • Vocación F5: para despertar el interés por lo digital en colectivos excluidos, formando también a profesionales del tercer sector y administraciones.
  • Red F5: que garantiza una expansión territorial con calidad pedagógica y mirada social.
  • Talento F5: donde se conectan perfiles diversos con empresas tecnológicas que buscan precisamente eso: diversidad e innovación social.

Además, incluso, se atreven con la IA generativa para formar a profesionales de lo social para que seamos capaces de utilizarlo en nuestro trabajo diario.

No es (solo) una cuestión de formación, sino de justicia

Cerrar las brechas tecnológicas y laborales no se consigue sólo con más cursos, sino con cambios estructurales: en el sistema educativo, en el mercado laboral, en las políticas públicas y también en cómo el tercer sector diseña sus itinerarios de inserción sociolaboral.

El concepto de escuela digital inclusiva permiten que nadie se quede sin el derecho y posibilidad de formar parte de las profesiones del futuro. Todas las entidades sociales deberíamos ser un poquito más «escuelas digitales inclusivas»