Y os dejamos con él:
En Club Digital ya hemos hablado bastante de inteligencia artificial. Hemos hablado de la Ley Europea de IA, de sesgos algorítmicos, de la comprensión de la IA como derecho, de la necesidad de políticas internas y hasta de la famosa Habitación China, que suena a escape room filosófico pero en realidad nos ayuda a pensar si una máquina entiende o simplemente ordena muy bien las palabras. Así que no queríamos repetirnos. No tendría mucho sentido volver a escribir “la IA ha llegado para quedarse” como si fuera un familiar lejano tecnológico instalándose en el sofá del salón. Ya lo sabemos. Está aquí. La pregunta interesante que podríamos hacernos es la de ¿qué hacemos nosotras, como sector social, para no llegar tarde a una conversación que ya está afectando a las personas con las que trabajamos?
Y aquí la idea de Víctor nos parece importante precisamente porque en el sector social sabemos que no entender una carta administrativa puede dejar a una persona sin una ayuda. Sabemos que no manejar una clave digital puede bloquear un trámite urgente. Y sabemos que la brecha digital no es “no saber usar el móvil”, sino quedarse fuera de una puerta que alguien ha decidido poner en formato pantalla.
Con la IA puede pasar algo parecido. Si no la comprendemos mínimamente, corremos el riesgo de que se diseñe, se compre, se implante o se recomiende desde lugares muy alejados de la intervención social real. Desde despachos donde todo parece ordenado porque los datos están limpios, las casillas encajan y nadie ha tenido que acompañar a una persona que llega tarde, con ansiedad, con papeles incompletos, con miedo o con una historia que no entiende un robot. La vida social, por suerte o por desgracia, es bastante diferentes, y eso, en el sector social, lo sabemos mejor que en cualquier otro ámbito.
Regulaciones y más regulaciones
La nueva regulación intenta no tratar la IA como una tecnología que necesita supervisión, transparencia y responsabilidad. El Reglamento Europeo de Inteligencia Artificial, Reglamento UE 2024/1689, habla de una IA centrada en el ser humano y fiable, con protección de derechos fundamentales; además, su artículo 4 introduce la alfabetización en IA para quienes despliegan o usan estos sistemas. En España, el Consejo de Ministros aprobó el 26 de mayo de 2026 el proyecto de Ley Orgánica para el buen uso y la gobernanza de la IA, que adapta el reglamento europeo al marco nacional, identifica organismos de supervisión y establece un régimen sancionador.
Pero más allá de la ley, que es fundamental, hay una cuestión ética y casi artesanal. Una profesional del ámbito social no acompaña igual a dos personas aunque el expediente tenga categorías parecidas. Hay matices, hay silencios, hay historias familiares, hay barreras invisibles, vergüenzas, duelos, recursos comunitarios. La IA puede ayudar a ordenar información, redactar borradores, traducir textos, resumir documentos o detectar patrones, pero nunca podrá sustituir esa inteligencia que nace de estar cerca y de años de experiencia.
Por eso formarse en IA no debería plantearse como una carrera para ser más productivas, aunque también pueda ayudarnos a ahorrar tiempo en algunas tareas. Debería plantearse como una forma de proteger el corazón del trabajo social. Saber usar una herramienta también implica saber cuándo no usarla. Saber pedirle ayuda también implica saber desconfiar de una respuesta demasiado segura. Saber automatizar algo también implica preguntarnos si estamos automatizando una tarea pesada o si, sin darnos cuenta, estamos automatizando una relación.
Quizá esta sea la parte menos vistosa de la inteligencia artificial, pero también la más importante para nuestro sector. No necesitamos únicamente cursos de “las 20 herramientas de IA que cambiarán tu entidad”. Necesitamos espacios donde pensar casos reales como por ejemplo, qué pasa si usamos IA para redactar informes sociales, qué datos no deberíamos introducir jamás en una herramienta externa, cómo explicamos a una persona que parte de un contenido ha sido generado con IA, qué revisión humana debe existir antes de tomar decisiones, cómo documentamos el uso de estas tecnologías y cómo evitamos que la eficiencia se coma a la dignidad con patatas.
Porque sí, la IA puede ser muy útil. Negarlo sería absurdo, casi como negar que el correo electrónico agilizó cosas porque echamos de menos el fax. Pero el sector social no puede adoptar tecnología solo porque “todo el mundo lo está haciendo”. Nuestro criterio no puede ser la novedad, sino el impacto.
- https://www.boe.es/buscar/doc.php?id=DOUE-L-2024-81079 «BOE.es – DOUE-L-2024-81079 Reglamento (UE) 2024/1689 del Parlamento Europeo y del Consejo, de 13 de junio de 2024, por el que se establecen normas armonizadas en materia de inteligencia artificial y por el que se modifican los Reglamentos (CE) nº 300/2008, (UE) nº 167/2013, (UE) nº 168/2013, (UE) 2018/858, (UE) 2018/1139 y (UE) 2019/2144 y las Directivas 2014/90/UE, (UE) 2016/797 y (UE) 2020/1828 (Reglamento de Inteligencia Artificial).»
- https://www.lamoncloa.gob.es/consejodeministros/resumenes/paginas/2026/260526-rueda-prensa-ministros.aspx »
La Moncloa. El Gobierno regula la inteligencia artificial para asegurar un uso confiable, ético y garantista | 26/05/2026 [Consejo de Ministros/Resúmenes] - https://iiasocial.com/sobre-nosotros/ «Sobre nosotros – Instituto Inteligencia Artificial del ámbito Social (IIAS)»
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